Sentir que no sos suficiente no es una verdad sobre vos. Es una creencia que se instaló muy temprano — antes de que pudieras cuestionarla — y que el personaje sigue sosteniendo como si fuera real. Se puede desmantelar.
Lográs cosas. Avanzás. Otros te dicen que estás bien. Y aun así, algo en vos no termina de creérselo. Siempre hay una razón para que no sea suficiente. Siempre falta algo.
No es falta de autoestima. Es una creencia instalada muy profundo — tan profundo que se siente como parte de quién sos.
Generalmente en la infancia, a través de mensajes directos o indirectos. "Podés hacerlo mejor." "Tu hermano/a sí pudo." "Eso no es suficiente." "No me hagas quedar mal." A veces no fueron palabras — fueron silencios, comparaciones, ausencias.
El niño o la niña que recibió esos mensajes llegó a una conclusión lógica con la información que tenía: "no soy suficiente". Y esa conclusión se convirtió en el lente desde el que interpreta todo.
Porque el problema no está en los logros — está en la creencia. Podés acumular éxitos y seguir sintiéndote insuficiente, porque el personaje siempre encuentra una razón para mover el arco. "Sí, pero podría ser mejor." "Sí, pero fue suerte." "Sí, pero otros hacen más."
La creencia no se resuelve con más logros. Se resuelve viéndola.
¿Te pasó esto alguna vez?
Terminás un proyecto importante. Tu jefe/a te felicita. Tus colegas lo reconocen. Y en vez de recibirlo, tu mente ya está en el siguiente — o buscando el defecto que el otro no vio. El logro no aterriza. Nunca aterriza del todo.
Y ahora preguntate...
¿Cuándo fue la primera vez que sentiste que no eras suficiente? ¿Quién estaba ahí?
"La sensación de no ser suficiente no es una verdad. Es una creencia muy vieja que todavía no viste del todo."
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